Mes de Mayo

 

DIA 1. LA VIRGEN MADRE DE DIOS
Virgen Madre de Dios, el que no cabe en el universo, al hacerse hombre se encerró en tu seno. (Antif. Entr.. nº 4).

Concédenos, que también nosotros sepamos recibir a Cristo y conservar sus palabras en el corazón. Cuando la Virgen respondió que Sí, libremente a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo divino asumió la naturaleza humana; por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo Encarnado, de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que ha unido a sí para siempre -sin confusión- la naturaleza humana. Podemos decir bien alto a la Virgen Santa, como la mejor alabanza, esas palabras que expresan su más alta dignidad: Madre de Dios.

Santa María, Madre de Dios, Ruega por nosotros.

DIA 2. SANTA MARIA, ESPOSA DE DIOS ESPIRITU SANTO
El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por eso, lo que nacerá será llamado santo, Hijo de Dios. (Lc 1,34-38).

(...) El Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. Él es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra voluntad personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera.
María, Madre nuestra, auxilio de los cristianos, refugio de los pecadores, intercede ante tu Hijo, para que nos envíe al Espíritu Santo, que despierte en nuestros corazones la decisión de caminar con paso firme y seguro.
Santa María, Esposa del Espíritu Santo, Ruega por nosotros.

DIA 3. SANTA MARIA, MADRE DE LA IGLESIA
Eres digna de toda alabanza, Santa Virgen María, porque de ti nació Cristo Nuestro Señor, y brillas en la Iglesia como ejemplo de virtudes. (Antif. Entr. nº 26).

Los discípulos llenos de fe por el triunfo de Cristo resucitado y anhelantes ante la promesa del Espíritu Santo, quieren sentirse unidos, y los encontramos cum Maria Matre Iesu, con María, la Madre de Jesús (Act 1,14).
Desde el primer momento de la vida de la Iglesia, todos los cristianos que han buscado el amor de Dios, ese amor que se nos revela y se hace carne en Jesucristo, se han encontrado con la Virgen, y han experimentado de maneras muy diversas, su maternal solicitud.
La Virgen Santísima puede llamarse con verdad madre de todos los cristianos.
Santa María, Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros.

DIA 4. SANTA MARIA, MADRE DE LOS HOMBRES
¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. (Is. 49,15) (Antif. Entr. nº 40).

María, fiel a la misión divina para la que fue creada, se ha prodigado y se prodiga continuamente en servicio de los hombres, llamados a ser todos hermanos de su hijo Jesús. Y la Madre de Dios es también realmente ahora, la madre de los hombres (...)
No es pues extraño que uno de los testimonios más antiguos de la devoción a María sea precisamente una oración llena de confianza que, compuesta hace siglos, continuamos repitiendo aún hoy día: Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, Ruega por nosotros.

DIA 5. MARIA MADRE DEL AMOR HERMOSO
Salid a ver a nuestra Reina, a la que alaban los astros de la mañana y cuya belleza admiran el sol y la luna, y celebran todos los hijos de Dios. (Antif. Entr. nº 36).

Yo soy la Madre del Amor Hermoso, del temor, de la ciencia y de la Santa Esperanza. (Eclo.24, 23) (...) Lecciones de amor hermoso, de vida limpia, de un corazón sensible y apasionado, para que aprendamos a ser fieles al servicio de la Iglesia. No es un amor cualquiera éste: es el Amor. Aquí no se dan traiciones, ni cálculos, ni olvidos. Un amor hermoso, porque tiene como principio y como fin el Dios tres veces santo, que es toda la hermosura y toda la bondad y toda la grandeza.

Santa María, Madre del Amor Hermoso, Ruega por nosotros.

DIA 6. MADRE DE LA DIVINA GRACIA
Salve, Santa Madre de Dios, por ti recuperamos la vida; tú recibiste al hijo que bajó del cielo y engendraste al Salvador del mundo. (Antif.Entr. nº 30).

Jesús se esconde en el Santísimo Sacramento del altar, para que nos atrevamos a tratarle, para ser sustento nuestro, con el fin de que nos hagamos una sola cosa con Él.
Nuestra Señora nos enseña a tratar a Jesús, a reconocerle y a encontrarle en las diversas circunstancias del día y, de modo especial, en ese instante supremo -el tiempo se une a la eternidad- del Santo Sacrificio de la Misa: Jesús con gesto de sacerdote eterno, atrae hacía sí todas las cosas, para colocarlas, con el soplo del Espíritu Santo, en la presencia de Dios Padre.

Santa María, Madre de la Divina Gracia, Ruega por nosotros.

DIA 7. MADRE PURISIMA
Diste a la Virgen un corazón sencillo y limpio que la hizo digna de concebir virginalmente a tu Hijo. (Antif. Entr. nº 28).

Todos arrastramos pasiones; todos nos encontramos con las mismas dificultades, a cualquier edad. Por eso hemos de luchar.
No se puede llevar una vida limpia sin la asistencia divina; Dios quiere que seamos humildes y pidamos su socorro.
Debes suplicar confiadamente a la Virgen, ahora mismo, en la soledad acompañada de tu corazón, sin ruido de palabras: Madre mía, este pobre corazón mío se subleva tontamente... si tú no me proteges... y te amparará para que lo guardes puro y recorras el camino al que Dios te ha llamado.
Santa María, Madre Purísima, Ruega por nosotros.

DIA 8. SANTA MARIA, MADRE AMABLE
Brilló la grandeza de Dios y su poder se manifestó por medio de una Virgen, porque así quiso el Excelso nacer humilde, para mostrar su majestad en la misma humildad (Antif. Entr. nº 6).


Si buscáis a María encontraréis a Jesús. Y aprenderéis a entender un poco lo que hay en el corazón de Dios que se anonada, que renuncia a manifestar su poder y su majestad, para presentarse en forma de esclavo (Filip 2, 6-7).
Mi alma glorifica al Señor -cantó la Virgen María- y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios Salvador mío; ...(Lc. 1, 46-49).
Nuestra oración puede acompañar e imitar esa oración de María. Como Ella sentiremos el deseo de cantar, de proclamar las maravillas de Dios, para que la humanidad entera y los seres todos participen de la felicidad nuestra.

Santa María, Madre Amable, Ruega por nosotros.

DIA 9. SANTA MARIA, MADRE ADMIRABLE
El Señor te ha bendecido, Virgen María, más que a todas las mujeres de la tierra; ha glorificado tu nombre de tal modo que tu alabanza está siempre en la boca de todos (Jdt 13,23-25) (Antif.Entr.nº 21).

La maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella sólo Dios.
Eramos pecadores y enemigos de Dios. La Redención no sólo nos libra del pecado y nos reconcilia con el Señor: nos convierte en sus hijos, nos entrega una Madre, la misma que engendró al Verbo según la humanidad. ¿Cabe más derroche, más exceso de amor?

Santa María, Madre Admirable, Ruega por nosotros.

DIA 10. SANTA MARIA, MADRE FIEL EN NAZARET
Dichosa Tú que, meditando en silencio las palabras del cielo, te has convertido en discípula del Señor. (Antif. Entr. nº 10).

Nuestra Madre es el modelo de correspondencia a la gracia y, al contemplar su vida, el Señor nos dará luz para que sepamos divinizar nuestra existencia ordinaria (...).
Supliquemos hoy a Santa María que nos haga contemplativos, que nos enseñe a comprender las llamadas continuas que el Señor dirige a las puertas de nuestro corazón. Roguémosle: Madre nuestra, Tú has traído a la tierra a Jesús, que nos revela el amor de nuestro Padre Dios; ayúdanos a reconocerlo, en medio de los afanes de cada día; remueve nuestra inteligencia y nuestra voluntad, para que sepamos escuchar la voz de Dios, el impulso de la gracia.

Santa María, Madre fiel en Nazaret, Ruega por nosotros.

DIA 11. MARIA CORREDENTORA CON JESUS
Junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María la de Cleofas, y María la Magdalena (Jn 19,25) (Antif. Entr. nº11).

(...) En el escándalo del sacrificio de la Cruz, Santa María estaba allí presente, oyendo con tristeza a los que pasaban por allí y blasfemaban moviendo la cabeza y gritando: ¡Tú, que derribabas el templo de Dios, y en tres días lo edificabas, sálvate a ti mismo! Si eres el hijo de Dios desciende de la cruz. (Mt 27, 40).
Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor, Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? (Mt 27, 46). ¿Que podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso -como espada afilada- que traspasaba su corazón puro.

Santa María, corredentora de nosotros los hombres, Ruega por nosotros.

DIA 12. MARIA, MAESTRA DE FE
Gloriosa Madre de Cristo, porque has creído que el Hijo, a quien concebiste creyendo, muerto por nosotros, había de resucitar. ¡ Oh, piadosa ! tú eres para la Iglesia fortaleza de la fe. (Antif. Entr. nº 35).

Maestra de fe. ¡Bienaventurada tú, que has creído! (Lc 1.45), así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Lc 1,38).
Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos. (Jn. 2,11).
Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

Santa María, Virgen fidelísima, Maestra de fe, Ruega por nosotros.

DIA 13. MARIA, MAESTRA DE ORACION
Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la Madre de Jesús. (Hch 1,14).

María asiste a los misterios de la infancia de su Hijo, misterios, si cabe hablar así, normales; a la hora de los grandes milagros y de las aclamaciones de las masas, desaparece.
En Jerusalén, cuando Cristo -cabalgando un borriquito- es vitoreado como Rey, no está María. Pero reaparece junto a la Cruz, cuando todos huyen.
Este modo de comportarse tiene el sabor, no buscado, de la grandeza, de la profundidad, de la santidad de su alma.
Tratemos de aprender, siguiendo su ejemplo(...) Nuestra Señora oye con atención lo que Dios quiere, pondera lo que no entiende, pregunta lo que no sabe. Luego, se entrega toda al cumplimiento de la voluntad divina (...) ¿Veis la maravilla?

Santa María, Virgen digna de alabanza, Ruega por nosotros.

DIA 14. SANTA MARIA EJEMPLO DE OBEDIENCIA
Dijo entonces María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. (Lc.1, 38).

La Virgen no sólo dijo hágase, sino que cumplió en todo momento esa decisión firme e irrevocable. Así nosotros: cuando nos aguijonee el amor de Dios y conozcamos lo que Él quiere, debemos comprometernos a ser fieles, leales, y a serlo efectivamente. Porque no todo aquel que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; si no aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial (Mt. 7, 21).
Santa María, maestra de toda nuestra conducta, nos enseña ahora que la obediencia a Dios no es servilismo, no sojuzga la conciencia: nos mueve íntimamente a que descubramos la libertad de los hijos de Dios. (Rom.8, 21).
Santa María, Esclava del Señor, Ruega por nosotros.

DIA 15. MARIA MAESTRA DE HUMILDAD
Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava. (Lc.1.47) (Antif. Entr. nº 22).

Mirad a María. Jamás criatura humana se ha entregado con más humildad, a los designios de Dios. La humildad de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como causa de nuestra alegría. Eva, después de pecar queriendo en su locura igualarse a Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba: estaba triste. María, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este júbilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros: que salgamos en esto a Ella - a Santa María-, y así nos pareceremos más a Cristo.

Santa María, Sierva del Señor, Ruega por nosotros.

DIA 16. MARIA, MAESTRA DEL SACRIFICIO SILENCIOSO
Simeón dijo a María: "Mira, éste ha sido destinado para que muchos de Israel caigan y se levanten; será signo de contradicción y a ti misma una espada atravesará el corazón¨ (Lc.2, 34-35) (Antif. Entr. nº 12).

Si Dios ha querido ensalzar a su Madre, es igualmente cierto que durante su vida terrena no fueron ahorrados a María ni la experiencia del dolor, ni el cansancio del trabajo, ni el claroscuro de la fe. A aquella mujer del pueblo, que un día prorrumpió en alabanzas a Jesús exclamando Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron, el Señor responde Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 11, 27-28). Era el elogio de su madre, del hágase sincero, entregado, cumplido hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada.

Santa María, maestra del sacrificio escondido y silencioso, Ruega por nosotros.

DIA 17. SANTA MARIA, MODELO DE ABNEGACION POR LOS DEMAS
El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. Él da a María un puesto en la Iglesia, como madre feliz de hijos. (Antif. Entr. nº 13).

No se puede tratar filialmente a María y pensar sólo en nosotros mismos, en nuestros problemas. No se puede tratar a María y tener egoístas problemas personales. María lleva a Jesús y Jesús es primogénito entre muchos hermanos (Rom 8, 29). Conocer a Jesús, por tanto, es darnos cuenta que nuestra vida no puede vivirse con otro sentido que el de entregarnos al servicio de los demás. Un cristiano no puede detenerse sólo en problemas personales, ya que ha de vivir de cara a la Iglesia universal, pensando en la salvación de todas las almas.
(...) Y si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre.

Santa María, Madre abnegada con todos sus hijos, Ruega por nosotros.


DIA 18. MARIA, VIRGEN GENEROSA
Venid hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor. Venid, subamos al monte del Señor, y marcharemos por sus sendas (Sal 33, 12) (Antif. Entr. nº 32).

(...) Volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarca casi toda la vida de Jesús en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa. Verle crecer ante los ojos enamorados de su Madre.
Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con Él por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual.
En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un hágase que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios.

Corazón generoso de María, métenos en el Corazón de tu divino Hijo.

DIA 19. SANTA MARIA VIRGEN PRUDENTISIMA
No hay mujer como ésta en toda la tierra en el aspecto y en la hermosura y en la prudencia de sus palabras. (Antif. Entr. nº 35; Jdt. 11,21.)

(...) Sabiduría de corazón que orienta y rige otras muchas virtudes. Por la prudencia el hombre es audaz, sin insensatez; no excusa, por ocultas razones de comodidad, el esfuerzo necesario para vivir plenamente según los designios de Dios. La templanza del prudente no es insensibilidad ni misantropía; su justicia no es dureza; su paciencia no es servilismo.
Acudamos a María, Madre nuestra, la criatura más excelsa que ha salido de las manos de Dios. Acudamos a Santa María, la Virgen prudente, para que nos decidamos a conducirnos en todo momento como discípulos buenos del Maestro: prudentes, justos, llenos de caridad.

Santa María, Virgen Prudentísima, Ruega por nosotros.

DIA 20. SANTA MARIA, DIGNA DE ALABANZA
¡Salve, Santa María, espejo sin mancha! En ti la Iglesia contempla la purísima imagen de su gloria futura. (Antif. Entr. nº 27.)

De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, y junto al Espíritu Santo. En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella.
Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar -no hace falta palabras, el pensamiento basta- las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; (...).

Santa María digna de alabanza, Ruega por nosotros.

DIA 21. SANTA MARIA, ESPEJO DE LA JUSTICIA
¡Que pregón tan glorioso para ti, María! De ti salió el sol de justicia: Cristo Nuestro Señor. (Antif. Entr. nº 14.)

No podemos jamás dejar de ejercitar la justicia, con heroísmo si es necesario. Hemos de sostener el derecho de todos los hombres a vivir, a poseer lo necesario para llevar una vida digna, a trabajar y a descansar, a elegir estado, a formar un hogar, a traer hijos al mundo dentro del matrimonio y poder educarlos, a pasar serenamente el tiempo de enfermedad o vejez, a acceder a la cultura, a asociarse con los demás hombres para alcanzar fines lícitos. Y en primer término a conocer y a amar a Dios con plena libertad, porque la conciencia -si es recta- descubre las huellas del Creador de todas las cosas.
Pidámosle que nos haga hombres de bien y que esas virtudes humanas, engarzadas en la vida de la gracia, se conviertan en la mejor ayuda para los que, con nosotros, trabajan en el mundo por la paz y la felicidad de todos.

Santa María, espejo de la justicia, Ruega por nosotros.

DIA 22. SANTA MARIA CAUSA DE NUESTRA ALEGRIA
Alégrate, Virgen María; has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. (Antif. Entr. nº 34) (Lc 1, 28-31).

Servid al Señor, con alegría (Sal 49, 2): No hay otro modo de servirle. Dios ama al que da con alegría. (2 Cor 9, 7).
(...) Somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Santísima Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición -Muestra que eres nuestra Madre- (del himno Ave Maris stella), no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal.
María nos muestra que esa senda es hacedera. Ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo y la glorificación de nuestra Madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación; por eso la llamamos nuestra esperanza y causa de nuestra felicidad.

Santa María causa de nuestra alegría, Ruega por nosotros.

DIA 23. SANTA MARIA ESPERANZA NUESTRA
Salve, Virgen María, esperanza de los creyentes, tú ayudas a los que desesperan y confortas a los que acuden a ti. (Antif. Entr. nº 37).

Meditad las palabras de la Escritura: he contemplado todo cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve, y vi que todo era vanidad y apacentarse de viento, y que no hay provecho alguno debajo del sol. (Eclo 2,11).

Esta precariedad no sofoca la esperanza. Al contrario, cuando reconocemos las pequeñeces y la contingencia de las iniciativas terrenas, ese trabajo se abre a la auténtica esperanza, que eleva todo el humano que hacer y lo convierte en lugar de encuentro con Dios.
Crezcamos en la esperanza, que de este modo nos afianzaremos en la fe, verdadero fundamento de las cosas que se esperan y, convencimiento de las que no poseemos. (Heb 9, 1).
Crezcamos en esta virtud, que es suplicar al Señor que acreciente la caridad en nosotros, porque sólo se confía de veras en lo que se ama con todas las fuerzas.
Es la hora de que acudas a tu Madre bendita del cielo, para que te acoja en sus brazos y te consiga de su Hijo una mirada de misericordia.

Santa María Esperanza Nuestra, Ruega por nosotros.

DIA 24. SANTA MARIA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
Yo soy la salvación del pueblo. Cuando me llame desde el peligro, yo le escucharé. (Antif. Entr. nº 44) (Sal 34,3).

Meditemos frecuentemente todo lo que hemos oído de Nuestra Madre, en una oración sosegada y tranquila. Y, como poso, se irá grabando en nuestra alma ese compendio, para acudir sin vacilar a Ella, especialmente cuando no tengamos otro asidero. ¿No es esto interés personal, por nuestra parte? Ciertamente lo es. Pero ¿acaso las madres ignoran que los hijos somos de ordinario un poco interesados, y que a menudo nos dirigimos a ellas como al último remedio? Están convencidas y no les importa: por eso son madres, y su amor desinteresado percibe -en nuestro aparente egoísmo- nuestro afecto filial y nuestra confianza segura.
(...) Aconsejo que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre y tú eres hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que té pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Santa María auxilio de los cristianos, Ruega por nosotros.

DIA 25. SANTA MARIA FORTALEZA NUESTRA
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra y brote la salvación (Antif. Entr. nº 2).

El camino del cristiano, el de cualquier hombre, no es fácil. Ciertamente, en determinadas épocas, parece que todo sé cumple según nuestras previsiones; pero esto habitualmente dura poco. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad.
Piensa que Dios te quiere contento, y que si pones de tu parte lo que puedes, serás feliz, muy feliz, felicísimo, aunque en ningún momento te falte la cruz. Pero esa cruz ya no es un patíbulo, sino el trono desde el que reina Cristo. Y a su lado, su Madre, nuestra Madre también. La Virgen Santa te alcanzará la fortaleza que necesitas para marchar con decisión tras los pasos de su Hijo.

Santa María, refugio y fortaleza nuestra, Ruega por nosotros.

DIA 26. SANTA MARIA PUERTA DEL CIELO
Salve, Virgen Madre del Verbo, puerta del paraíso, al devolver a Dios al mundo, nos abres el acceso al cielo. (Antif. Entr. nº 46).

¡Qué maravilloso será cuando Nuestro Padre nos diga: siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en las cosas pequeñas, yo te confiaré las grandes: entre en el gozo de tu Señor! (Mt 25,21). ¡Esperanzados! Ese es el prodigio del alma contemplativa. Vivimos de Fe, y de Esperanza y de Amor; y la Esperanza nos vuelve poderosos. (...).
Después de la muerte os recibirá el Amor. Y en el amor de Dios encontraréis, además, todos los amores limpios que habéis tenido en la tierra.
Pidamos a Santa María, Esperanza nuestra, que nos encienda en el afán santo de habitar todos juntos en la casa del Padre. Nada podrá preocuparnos, si decidimos anclar el corazón en el deseo de la verdadera Patria: el Señor nos conducirá con su gracia, y empujará la barca con buen viento a tan claras riberas.

Santa María, Puerta de Cielo, Ruega por nosotros.

DIA 27. SANTA MARIA REFUGIO DE LOS PECADORES
Salve, Reina de Misericordia, Madre gloriosa de Cristo, consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores. (Antif. Entr. nº39).

No hemos de extrañarnos. Arrastramos en nosotros mismos -consecuencia de la naturaleza caída- un principio de oposición, de resistencia a la gracia: son las heridas del pecado de origen, enconadas por nuestros pecados personales.
Por tanto, hemos de emprender esas ascensiones, esas tareas divinas y humanas -las de cada día-, que siempre desembocan en el Amor de Dios, con humildad, con corazón contrito, fiados en la asistencia divina, y dedicando nuestros mejores esfuerzos como sí todo dependiera de uno mismo.
La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su Hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertamos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a Él, para decirle que no lo perderemos más.

Santa María Refugio de los pecadores, Ruega por nosotros.

DIA 28. SANTA MARIA SEDE DE LA SABIDURIA
Dichosa eres, Santa María, Virgen sabia, que mereciste llevar en tu seno la Palabra de la verdad; dichosa eres, Virgen prudente, que has elegido la mejor parte. (Antif. Entr. nº 24).

Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección más importante: que nada vale la pena, sino estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama del amor vivo, la luz de la Santa Esperanza, que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria.
En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud. (Eclo 24, 25).
¡Con cuanta sabiduría la Iglesia ha puesto estas palabras en boca de nuestra Madre, para que los cristianos no la olvidemos! Ella es la seguridad, el amor que nunca abandona, el refugio constantemente abierto, la mano que acaricia y consuela siempre.

Santa María sede de la Sabiduría, Ruega por nosotros.

DIA 29. SANTA MARIA REINA DE LOS APOSTOLES
Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Cristo manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. (Jn 1-11) (Antif. Entr. nº 9).

San Juan conserva en su Evangelio una frase maravillosa de la Virgen, en una escena...: la de las bodas de Caná. Nos narra el evangelista que dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que El os dirá (Jn 2, 5). De eso se trata: de llevar las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Señor, ¿qué quieres que yo haga?(Act 9, 6).
Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María.
Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así él haced lo que El os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal.

Santa María, Reina de los apóstoles, Ruega por nosotros.

DIA 30. MARIA, CAMINO SEGURO QUE LLEVA A JESUS
María ha sido llevada por Dios a los cielos. Hay alegría entre los ángeles y los hombres. (Antif.Visp. Asunción).

Nuestra Señora, hecha partícipe de modo pleno de la obra de nuestra salvación, tenía que seguir de cerca los pasos de su Hijo: la pobreza de Belén, la vida oculta de trabajo ordinario en Nazaret, la manifestación de la divinidad en Caná de Galilea, las afrentas de la Pasión y el sacrificio divino de la Cruz, la bienaventuranza eterna del Paraíso.
Todo esto nos afecta directamente, porque ese itinerario sobrenatural ha de ser también nuestro camino. María nos muestra que esa senda es hacedera, que es segura.
Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum; Corazón Dulcísimo de María, da fuerza y seguridad a nuestro camino en la tierra: sé tú misma nuestro camino.

Dulcísimo Corazón de María, prepáranos un camino seguro.

DIA 31. SANTA MARIA REINA DE LA PAZ
María, nuestra Reina, está de pie, a la derecha de Cristo, enjoyada con oro, vestida de perlas y brocado. (Antif. Entr. nº 29) (Sal 44,10-14).

(...) Un cristiano que viva unido al Corazón de Jesús no puede tener otras metas: la paz en la sociedad, la paz en la Iglesia, la paz en la propia alma, la paz de Dios que se consumará cuando venga a nosotros su reino.
(...) María, la Madre santa de nuestro Rey, la Reina de nuestro corazón, cuida de nosotros como sólo Ella sabe hacerlo. Madre compasiva, trono de la gracia: te pedimos que sepamos componer en nuestra vida y en la vida de los que nos rodean, verso a verso, el poema sencillo de la caridad, como un río de paz(Is 48,18). Porque Tú eres mar de inagotable misericordia: los ríos van todos al mar y la mar no se llena (Eclo 1, 7).

Santa María Reina de la Paz, Ruega por nosotros.

Oración inicial para cada día
Ave María Purísima Sin Pecado Concebida
¡ Oh Virgen Inmaculada, Madre del Verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo, escucha la oración que con filial confianza te dirigimos, y preséntala ante tu Hijo Jesús, Redentor nuestro.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer Contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia; no nos sueltes de tu mano amorosa.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblo; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y Madre nuestra.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias, para que estén siempre muy unidas y bendice la educación de la niñez y de la juventud.
Esperanza nuestra, míranos con compasión, enséñanos a ir continuamente a Jesús. Y, si caemos, ayúdanos a levantarnos, a volver a El, mediante el arrepentimiento y la confesión de nuestras culpas en el Sacramento de la Penitencia, que trae sosiego al alma.
Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia, con nuestros corazones libres del mal y de odios, podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz, que vienen de tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo que con Dios Padre y con el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
(Juan Pablo II)

Oración final
Acordáos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado por tal confianza, a Vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. Oh, Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien escuchadlas y atendedlas benignamente. Amén