Via Crucis


Oración Preparatoria
En unión con María, la Madre de los Dolores, vamos, oh Jesús, a recorrer la vía dolorosa que Tú anduviste antes de consumar nuestra Redención en el Calvario. Haz que la meditación de los principales misterios de tu sagrada Pasión nos llene el corazón de dolor de nuestros pecados y de agradecimiento por el entrañable amor que nos demostraste.

I Estación
JESUS ES CONDENADO A MUERTE
(Cf. Mt 27,1-30)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

"Si sueltas a Jesús, gritan los judíos, no eres amigo del Cesar, porque todo aquel que se hace rey se rebela contra el Cesar. "
Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que el alboroto se iba haciendo mayor, mandó le trajesen agua, y lavándose las manos ante el pueblo dijo: "Inocente soy de la sangre de este justo; allá vosotros". Y toda la turba voceaba: "Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos. " Entonces Pilato les entrego a Jesús para que lo crucificasen.
Haz, oh divino Salvador mío, que aborrezca yo el pecado, porque él es quien os condenó a morir por mí, muerte de cruz, muerte acerbísima y afrentosísima.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

II Estación
JESUS ES CARGADO CON LA CRUZ
(Cf. Jn 19, 17)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Después de haberse burlado a gusto de Jesús, los soldados le arrastraron hasta fuera de la ciudad, para crucificarle; y Jesús, cargando con la Cruz, púsose en marcha hacia el cerro llamado del Calvario. ¡Lleva la Cruz para descargarme a mí de ella! Delante de él va un lictor que lleva la inscripción que indica la causa del suplicio: Jesús Nazareno, rey de los judíos.
¡Oh Jesús mío!, por tu muerte de Cruz, has sido hecho rey de nuestras almas. Reina de verdad en la mía y domina mis rebeldías.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

III Estación
JESUS CAE BAJO EL PESO DE LA CRUZ

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Las fuerzas de Jesús estaban exhaustas después de la agonía en el Huerto de los Olivos, y de los malos tratos de la noche en casa de los Sumos Sacerdotes, y de la flagelación y coronación de espinas, así que el peso de la Cruz excede con mucho a sus fuerzas físicas, y por eso cae y desfallece extenuado.
Más todavía que la Cruz, lo que agobia a Jesús y le rinde es el enorme peso de mis pecados. Señor, cuando yo desfallezca, levántame.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

IV Estación
JESUS ENCUENTRA A SU SANTISIMA MADRE

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Nos dice una antigua tradición que María estaba a la vera del camino por donde pasaba Jesús y todo su cortejo; viéndose entonces presa de un inmenso dolor, una espada de siete filos traspasó el alma de María, que gemía sumida en la más profunda aflicción. ¿Dónde está el hombre que pudiera contener sus lágrimas, si viera a la Madre de Cristo en tamaño suplicio?
Pues que la causa de ese dolor son mis pecados, ¡oh María! alcánzame la gracia de aborrecerlos.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

V Estación
SIMON CIRINEO AYUDA A JESUS A LLEVAR SU CRUZ
(Cf. Lc 23, 26)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Era de temer que, dada la extrema fatiga de Jesús, no pudiese llegar hasta el sitio de la ejecución. Así que, cuando los soldados salieron de la ciudad, tropezaron con un tal Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que volvía de su granja, y le forzaron brutalmente a llevar la Cruz del Salvador, cargándosela sobre sus hombros.
De la Cruz de Jesús manará también para nosotros un raudal de gracias, haz que, en pos de Ti, la lleve yo en expiación de mis culpas. Nunca será tan pesada como la tuya, pues que Tú mismo, como buen cirineo, nos ayudas eficazmente a sobrellevarla.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

VI Estación
UNA PIADOSA MUJER LIMPIA EL ROSTRO DE JESUS

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Cuenta una piadosa tradición cómo al pasar la comitiva una mujer se metió por entre la alborotada turba, acercóse al Salvador, y con un velo que llevaba le enjugó el sudor de su divina cara, y que Jesús, como para pagar aquel servicio, dejó impresos en el velo de la Verónica los rasgos de su Santa Faz. Esa mujer será siempre el tipo de las nobles y santas osadías.
Los respetos humanos y una vergonzosa cobardía me retraen, Señor, de vuestro seguimiento. Dadme la gracia de vencerme, para que así vayáis Vos imprimiendo en mi alma vuestros rasgos, pues en el cielo sólo entra el que a Ti se parece.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

VII Estación
CAE JESUS POR SEGUNDA VEZ

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Desde la sexta estación, el camino sube una áspera pendiente, la marcha hácese bastante penosa por las calles resbaladizas y estrechas de Jerusalén. La extrema debilidad de Jesús, el calor del mediodía, la subida, los estorbos del camino, las brutalidades de la soldadesca, las burlas de los judíos y sobre todo el peso de la Cruz explican la recaída del Salvador.
El peso aplastante de mis pecados es el que hace a Jesús caer de nuevo. Concédeme, Señor, que me torne siempre a levantar de mis caídas.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

VIII Estación
JESUS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALEN
(Cf. Lc 23, 27-31)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Una abigarrada muchedumbre seguía a Jesús y entre ella había mujeres que lloraban y se condolían de Él. Entonces volvióse a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por Mí, sino por vosotras y por vuestros hijos, porque, si esto pasa en el árbol verde ¿ qué será en el seco?. " Jesús predijo con este el castigo que pronto había de recaer sobre el pueblo. Este fue dispersado, y el Templo, que era su orgullo, fue reducido a pavesas.
Si la vida de la gracia no anima mi alma, la justicia divina me entregará al fuego, como un árbol seco que se quema. Evita, pues, alma mía, el pecado, si no quieres caer en el infierno.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

IX Estación
JESUS CAE POR TERCERA VEZ

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Cuando Jesús ha llegado a la cima del Gólgota, el pensar en lo que le queda todavía por sufrir hace desfallecer a su Santísima Humanidad, como en Getsemaní, y llega a ser tal la flaqueza del Divino Maestro que los soldados tienen que levantarle y tal vez que llevarle hasta la misma cumbre del Calvario. Esta es verdaderamente la hora del príncipe de las tinieblas, la hora de la suprema iniquidad; pero es también la hora de la completa y universal amnistía, merced al anonadamiento del Dios hecho hombre.
Gracias, Jesús mío, por haberte abajado tanto, a fin de levantarme de mis vicios y miserias.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

X Estación
JESUS SE VE DESNUDADO DE SUS VESTIDURAS
(Cf. Jn 19, 23-24)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Al despojar los soldados a Jesús de sus vestiduras, las llagas causadas por los azotes, ya restañadas, tornáronse a abrir. "Le hemos visto, dice Isaías, tan mal parado, que no hay en El parecer ni hermosura. Nos pareció como un hombre despreciado y desechado, varón de dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Más Él, herido fue por nuestras maldades, molido por nuestros pecados. El castigo que nos debía traer la paz sobre Él recayó, y por sus llagas fuimos curados".
De este modo expías mis inmodestias, ¡oh Jesús mío! Dame el espíritu de pureza y de mortificación.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

XI Estación
JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ
(Cf. Mc 15, 24-32)

V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos.
R/. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Llegados al lugar que se llama Calvario, los soldados crucificaron a Jesús, y con Él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la palabra de la Escritura: "¡Oh pueblo mío!, ¿qué es lo que te he hecho? o ¿en qué te he contristado? Dímelo. ¿Has preparado una Cruz a tu Salvador por haberte sacado de la tierra de Egipto? ¿O es tal vez porque fui tu guía en el desierto durante cuarenta años, y te alimenté con el maná y te introduje en una tierra excelente; o bien porque he usado en favor tuyo de mi gran poder? ¿Por eso me has clavado en el patíbulo de la cruz? ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho? o ¿en qué te he contristado? Respóndeme. "
¡Oh Jesús mío!, contigo quiero estar atado a mi cruz de cada día.

V/. Señor, pequé.
R/. Ten piedad y misericordia de mí.

XII Estación
JESUS MUERE EN LA CRUZ
(Cf. Jn 19, 28-30)

Adorámoste Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Dijo Jesús en la Cruz: "¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen ¡ " Y dirigiéndose luego al buen ladrón: "En verdad te digo, que hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso". Y viendo a su Madre en pie y junto a ella al amado discípulo, dijo a su Madre: "Mujer ahí tienes a tu hijo". Enseguida se volvió al discípulo y le dijo también: "Ahí tienes a tu Madre". Entonces el sol se nubló y densas tinieblas ensombrecieron al mundo desde el mediodía hasta las tres; y en medio de aquella prematura noche, queriendo dar a entender que estaba suspendido en la Cruz, solo, entre la justicia implacable del cielo y la malicia de los hombres que le persigue en la tierra, rezó aquel verso del Salmo: "¡Dios mío!, ¿ por que me has desamparado? ". Luego realizándose un postrer oráculo, dijo: "Sed tengo" Y como le fuera presentada una esponja con vinagre, conforme a la predicción profética, dijo Jesús: "Todo está consumado". Y dando un fuerte suspiro, dijo, "¡Padre¡, en tus manos encomiendo mí espíritu", con lo cual inclinó la cabeza y expiró.
Aprende a huir del pecado, pues tan grave es que exigió la muerte del hombre Dios para ser expiado. ¡Ojalá que nunca jamás vuelva a cometerlo! Por tu Cruz, Pasión y Muerte, líbrame, Señor.

Señor, pequé.
Ten piedad y misericordia de mí.

XIII Estación
JESUS ES BAJADO DE LA CRUZ Y ENTREGADO A SU MADRE
(Cf. Mt 27, 57-59)

Adorámoste Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Como ya se hacía tarde, José, varón rico y natural de Arimatea, se llegó al Calvario después de haber alcanzado de Pilato autorización para bajar el cuerpo de Jesús. También acudió allí Nicodemo, trayendo una mezcla de mirra y áloes. Entre ambos desclavaron con cariño el cuerpo del Señor y lo pusieron en los brazos de su Madre anegada en un mar de lágrimas. Luego lo envolvieron en un lienzo, y lo sepultaron conforme tenían costumbre los judíos.
¡Oh Madre de dolores que lloras a tus hijos muertos por el pecado! Alcánzame un dolor sincero de todas mis culpas.

Señor, pequé.
Ten piedad y misericordia de mí.

XIV ESTACION
ES SEPULTADO EL CUERPO DE JESUS
(Cf. Jn 38-40)

Adorámoste Cristo y te bendecimos.
Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Junto al lugar en que crucificaron a Jesús, había un huerto, y en aquel huerto un sepulcro, propiedad también de José, el cual lo había cavado en roca viva y era del todo nuevo. Como quiera que iba a empezar el Sábado pascual, José y Nicodemo pusieron allí el cuerpo de Jesús y rodaron una pesada losa, tapando con ella la entrada al sepulcro, volviéndose a la ciudad, como también las santas mujeres, ya muy entrada la noche.
Ojalá me acuerde siempre, oh Jesús, de que en las aguas del bautismo fui un día contigo sepultado, como en un sepulcro, muriendo para siempre al pecado y resucitando también para siempre contigo a una vida nueva. Por tu sepultura y Santa Resurrección, líbrame Señor.

Señor, pequé.
Ten piedad y misericordia de mí