Via Crucis
I Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. "Si sueltas a Jesús, gritan los judíos, no eres
amigo del Cesar, porque todo aquel que se hace rey se rebela contra
el Cesar. " V/. Señor, pequé. II Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Después de haberse burlado a gusto de Jesús, los soldados
le arrastraron hasta fuera de la ciudad, para crucificarle; y Jesús,
cargando con la Cruz, púsose en marcha hacia el cerro llamado
del Calvario. ¡Lleva la Cruz para descargarme a mí de ella!
Delante de él va un lictor que lleva la inscripción que
indica la causa del suplicio: Jesús Nazareno, rey de los judíos. V/. Señor, pequé. III Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Las fuerzas de Jesús estaban exhaustas después de la
agonía en el Huerto de los Olivos, y de los malos tratos de la
noche en casa de los Sumos Sacerdotes, y de la flagelación y
coronación de espinas, así que el peso de la Cruz excede
con mucho a sus fuerzas físicas, y por eso cae y desfallece extenuado.
V/. Señor, pequé. IV Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Nos dice una antigua tradición que María estaba a la
vera del camino por donde pasaba Jesús y todo su cortejo; viéndose
entonces presa de un inmenso dolor, una espada de siete filos traspasó
el alma de María, que gemía sumida en la más profunda
aflicción. ¿Dónde está el hombre que pudiera
contener sus lágrimas, si viera a la Madre de Cristo en tamaño
suplicio? V/. Señor, pequé. V Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Era de temer que, dada la extrema fatiga de Jesús, no pudiese
llegar hasta el sitio de la ejecución. Así que, cuando
los soldados salieron de la ciudad, tropezaron con un tal Simón
de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que volvía de su granja,
y le forzaron brutalmente a llevar la Cruz del Salvador, cargándosela
sobre sus hombros. V/. Señor, pequé. VI Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Cuenta una piadosa tradición cómo al pasar la comitiva
una mujer se metió por entre la alborotada turba, acercóse
al Salvador, y con un velo que llevaba le enjugó el sudor de
su divina cara, y que Jesús, como para pagar aquel servicio,
dejó impresos en el velo de la Verónica los rasgos de
su Santa Faz. Esa mujer será siempre el tipo de las nobles y
santas osadías. V/. Señor, pequé. VII Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Desde la sexta estación, el camino sube una áspera pendiente,
la marcha hácese bastante penosa por las calles resbaladizas
y estrechas de Jerusalén. La extrema debilidad de Jesús,
el calor del mediodía, la subida, los estorbos del camino, las
brutalidades de la soldadesca, las burlas de los judíos y sobre
todo el peso de la Cruz explican la recaída del Salvador. V/. Señor, pequé. VIII Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Una abigarrada muchedumbre seguía a Jesús y entre ella
había mujeres que lloraban y se condolían de Él.
Entonces volvióse a ellas y les dijo: "Hijas de Jerusalén,
no lloréis por Mí, sino por vosotras y por vuestros hijos,
porque, si esto pasa en el árbol verde ¿ qué será
en el seco?. " Jesús predijo con este el castigo que pronto
había de recaer sobre el pueblo. Este fue dispersado, y el Templo,
que era su orgullo, fue reducido a pavesas. V/. Señor, pequé. IX Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. V/. Señor, pequé. X Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Al despojar los soldados a Jesús de sus vestiduras, las llagas
causadas por los azotes, ya restañadas, tornáronse a abrir.
"Le hemos visto, dice Isaías, tan mal parado, que no hay
en El parecer ni hermosura. Nos pareció como un hombre despreciado
y desechado, varón de dolores; y nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y abatido. Más Él, herido fue por nuestras
maldades, molido por nuestros pecados. El castigo que nos debía
traer la paz sobre Él recayó, y por sus llagas fuimos
curados". V/. Señor, pequé. XI Estación V/. Adorámoste Cristo y te bendecimos. Llegados al lugar que se llama Calvario, los soldados crucificaron
a Jesús, y con Él a dos ladrones, uno a su derecha y otro
a su izquierda. Así se cumplió la palabra de la Escritura:
"¡Oh pueblo mío!, ¿qué es lo que te
he hecho? o ¿en qué te he contristado? Dímelo.
¿Has preparado una Cruz a tu Salvador por haberte sacado de la
tierra de Egipto? ¿O es tal vez porque fui tu guía en
el desierto durante cuarenta años, y te alimenté con el
maná y te introduje en una tierra excelente; o bien porque he
usado en favor tuyo de mi gran poder? ¿Por eso me has clavado
en el patíbulo de la cruz? ¡Pueblo mío! ¿Qué
te he hecho? o ¿en qué te he contristado? Respóndeme.
" V/. Señor, pequé. XII Estación Adorámoste Cristo y te bendecimos. Dijo Jesús en la Cruz: "¡Padre, perdónalos,
porque no saben lo que hacen ¡ " Y dirigiéndose luego
al buen ladrón: "En verdad te digo, que hoy mismo estarás
conmigo en el Paraíso". Y viendo a su Madre en pie y junto
a ella al amado discípulo, dijo a su Madre: "Mujer ahí
tienes a tu hijo". Enseguida se volvió al discípulo
y le dijo también: "Ahí tienes a tu Madre".
Entonces el sol se nubló y densas tinieblas ensombrecieron al
mundo desde el mediodía hasta las tres; y en medio de aquella
prematura noche, queriendo dar a entender que estaba suspendido en la
Cruz, solo, entre la justicia implacable del cielo y la malicia de los
hombres que le persigue en la tierra, rezó aquel verso del Salmo:
"¡Dios mío!, ¿ por que me has desamparado?
". Luego realizándose un postrer oráculo, dijo: "Sed
tengo" Y como le fuera presentada una esponja con vinagre, conforme
a la predicción profética, dijo Jesús: "Todo
está consumado". Y dando un fuerte suspiro, dijo, "¡Padre¡,
en tus manos encomiendo mí espíritu", con lo cual
inclinó la cabeza y expiró. Señor, pequé. XIII Estación Adorámoste Cristo y te bendecimos. Como ya se hacía tarde, José, varón rico y natural
de Arimatea, se llegó al Calvario después de haber alcanzado
de Pilato autorización para bajar el cuerpo de Jesús.
También acudió allí Nicodemo, trayendo una mezcla
de mirra y áloes. Entre ambos desclavaron con cariño el
cuerpo del Señor y lo pusieron en los brazos de su Madre anegada
en un mar de lágrimas. Luego lo envolvieron en un lienzo, y lo
sepultaron conforme tenían costumbre los judíos. Señor, pequé. XIV ESTACION Adorámoste Cristo y te bendecimos. Junto al lugar en que crucificaron a Jesús, había un
huerto, y en aquel huerto un sepulcro, propiedad también de José,
el cual lo había cavado en roca viva y era del todo nuevo. Como
quiera que iba a empezar el Sábado pascual, José y Nicodemo
pusieron allí el cuerpo de Jesús y rodaron una pesada
losa, tapando con ella la entrada al sepulcro, volviéndose a
la ciudad, como también las santas mujeres, ya muy entrada la
noche. Señor, pequé.
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